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dimarts, 31 de gener de 2017

Altamira

dibuixos claudi

Fa un parell de dies veig a la tele, sense saber-ne res previament, la pel.lícula "Altamira", que explica, de manera una mica mediatitzada i amb un  treball actoral al servei de la projecció internacional de Cantàbria, la polèmica  història, també desconeguda per a mi, del descobriment de les coves d'Altamira. 

 

 

Busco informació i la publico ara per si, com a mi, et plau també saber alguna cosa més de la pel.lícula i de la particular història arqueològica que conté:

La sobrina de Emilio Botín lleva al cine la historia de su tatarabuela, la niña que descubrió las cuevas de Altamira.

La prima de Ana Patricia Botín ha puesto todo su empeño en 'Altamira', película que protagoniza Antonio Banderas y que cuenta cómo su tatarabuela descubrió las famosas cuevas y sus pinturas rupestres.

 
 
 
El estreno de la película ‘Altamira’ (primero en el Festival de Málaga y en abril en Santander) llega cargado de nombres y apellides ilustres. Vayamos por partes. No podemos obviar que la cinta esté protagonizada por Antonio Banderas, acompañado de Ruper Everett, Tristán Ulloa e Irene Escolar. Sin embargo, no son ellos los protagonistas de estas líneas que van a leer. Detrás de esta película que, como dice el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, convertirá Cantabria (esa ‘tierra pequeña, pero infinita’) “en un reclamo internacional”, está una productora francesa, una británica y una española: Morena Films. Seguro que han visto alguna de sus producciones como ‘Cien años de perdón’, ‘Siete días en La Habana’ o ‘Axterix y Obelix’. Lo que no sabrán es que la empresa nació de la mano de Lucrecia Botín, sobrina de Emilio Botín y, por tanto, prima de Ana Botín, la sucesora al frente del imperio del Banco Santander.


No es de extrañar que Lucrecia haya sacado adelante la historia sobre el descubrimiento de la que se considera la capilla Sixtina del arte paleolítico. Fue su tatarabuela María Sanz de Sautuola, mujer del primer Botín presidente del banco, la niña que a sus ochos años descubrió las Cuevas de Altamira y ‘unos bueyes’ pintados en el techo cuando paseaba con Marcelino, su padre. Los Sanz de Sautuola eran una familia de hidalgos montañeses propietarios del mayorazgo de Puente San Miguel. El hombre, arqueólogo aficionado, no contaba con la aprobación de la Iglesia Católica, que consideró que afirmar que aquellas pinturas eran obra de prehistóricos salvajes era un ataque a la Biblia. A esta férrea oposición se le unió la comunidad científica en la voz de Emile Cartailhac, entonces una autoridad en Prehistoria, quien le acusó de fraude. Marcelino murió como un estafador, sin saber que años más tarde Emile entonaría el mea culpa y que la Unesco reconocería las cuevas como Patrimonio de la Humanidad. Esta historia tan real es el argumento de la película que ahora Lucrecia ha llevado a la gran pantalla.
 
Marcelino Sanz de Sautuola,
María Sanz de Sautuola
 
 
 
 
 
 

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